Sábado
Nunca olvidaré a los amigos. Anótenlo, si me hacen favor, y archívenlo al alcance de la mano, en sobre, en baúl o en estante polvoriento y olvidado por los trapos. Pero eso sí, no muy lejos, siempre a dos o tres pasos para recabar con urgencia algo que se lleva mucho de mi vida. La entrego y se la llevan, pero de buena gana porque así me gusta hacerlo con tan necesarias e irremplazables personas.
Sobre el mail que recibí ayer, amenazador hasta los dientes y hasta más no poder por donde se lo vea, opté por la cordura y no así por el desenfreno de un emilio teledirigido cargado con ojiva de mentadas de madre y putazos al reverendo desconocido. Es así que de la manera más cordial le hablo de mi dedo sangrante y de mi insomnio consecuencia de mis copas de Pepsi antisomníferas, deseándole éxito en sus labores académicas y profesionales pero rogándole que no vuelva a escribirme porque supongo que es alguien con muy poco tiempo.Pero pienso que sería bueno mandar un par de joyitas de mi arsenal de respuetas rabiosas, un cocktel cargado, el especial del día para el fulano este que cree que la vida es una de mandar adevertencias a desconocidos, como si uno no tuviera suficiente con las telenovelas venezolanas que rebalsan de ese tipo de cosas de cuarta categoría... ya veremos, no deja de parecerme divertido pese a todo.
Hablar de artes plásticas es condenarme a destierro y ni pensar en tener en mis manos una paleta de colores o algo de arcilla que viene a ser como una condena a muerte. Soy terrible entre los terribles y, a falta de gusto, añado la torpeza propia de mis manos que por suerte no flaquean cuando tengo a Matilde cerca mío. Malo entre los malosos me diría Cantinflas con el bigotín totalmente bien puesto. Y precisamente hoy, y justo a mí, se me ocurrió pensar que soy una bolita de plastilina, nada perfecta, es decir moldeada por mis manos, y que debo presionar por aquí y por allá para entender muchas cosas de la vida, y así convertirme en una buena esfera , no creo perfecta, pero al menos orgullosa. Algo así como un orgullo geométrico.
Y ya se fue Cañita, con helado cola de tigre y foto con numeritos sobre mi estante polvoriento. Espero que siga bien.